Reconozco que leer esta entrevista fue un gran placer me gusto plenamente; señor Zurita comparte con nosotros no solamente aspectos de su carrera y de su vida sino opiniones sobre México, el cambio necesario y recuerda un poco su actividad como presidente de ANDI.
Y por que cada una de su parte mi pareció importante trate de presentarlo un poco diferente – esta vez no va a ser necesario hacer scroll hasta al final sino dar click en el enlace correspondiente en la parte izquierda –cada párrafo va a estar frente a ti en lugar de ser “exilado” abajo.
Espero que de esta manera tengas una lectura más fácil y que después me vas a decir en un comentario que opinas al respecto y que parte te gusta más.
Para aquellos que lo van a encontrar en facebook incluyo aquí el enlace de esta entrada: Humberto Zurita - entrevista enero 2010
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Humberto Zurita: Plenitud, dentro y fuera del escenario
—¿Qué representa para ti Torreón, ciudad de la que eres originario?
—Toda mi infancia, una parte esencial de mi pasado y presente, porque aquí está mi familia, algunos de mis hermanos, mi mamá y muchos amigos; está parte de mi escolaridad en el Instituto Francés de La Laguna, así que es la tierra donde nací. Por fortuna he tenido reconocimientos del Estado, recibí las llaves de Lerdo, Gómez y Torreón, y la Medalla Mondragón, que son importantes en la carrera de un actor a nivel emocional y más que nada, para la familia.
Regresar a Torreón con una obra de teatro (Pájaro Negro ) y llenar, y que a pesar de los años la gente te quiera, acepte y estime, es una muestra de reconocimiento a lo que has hecho por ti mismo, al igual que muchos laguneros que fuera de la región han puesto en alto el nombre de La Laguna.
Vease también: Conocimos a los papas de Humberto Zurita
—Eres uno de ellos.
—Me ha ido muy bien, tengo una carrera de 30 años, dos compañías productoras, una trayectoria sólida en cine, teatro, televisión, producción y dirección. Estoy orgulloso de ser lagunero.
—Quisiste ser sacerdote. ¿Cómo fue la transición del seminario a encontrar tu vocación de actor?
—Estaba muy chico, hice la secundaria en el seminario. Fue una influencia directa del colegio lasallista y de mi familia que es muy católica, sobre todo mi mamá, fuerte puente espiritual del cristianismo hacia la preservación de la familia; eso me llevó al seminario, pero al tomar conciencia y conocer a fondo la vocación sacerdotal, vi. que no era lo mío, aunque en ese momento no tenía claro qué iba a hacer con mi vida.
—¿De qué manera comenzaste a hacer obras de teatro en la región?
—Mi amigo Carlos Oviedo, que aún vive en Torreón, con quien tuve un restaurante mucho tiempo (primero Sajonía y luego Los Equipales, en Paseo de La Rosita), era dueño de una tienda de muebles de diseño en la Morelos, y yo trabajaba ahí; él tenía su pareja y yo la mía, y hacíamos un equipo muy padre. Otro amigo llegó y me propuso hacer una obra; nunca me había interesado por la actuación, ni tenía mucha relación con el cine; es más, nunca había visto una obra de teatro. Tenía 18 o 19 años.
—¿Y por qué te invitó?
—Quería hacer Jesucristo superestrella. Era una época muy en esa onda y yo traía el pelo largo, así que era el Cristo que imaginaba en su obra, pero no acepté.
Luego me convenció cuando vi la ópera rock Tommy, montada por la UNAM de gira en Torreón.
La verdad si hubiera visto otro género no me hubiera interesado, pero éste me fascinó, y acepté la invitación. Hice Jesucristo superestrella, ahí me vio Rogelio Luévano, lagunero que también emigró e hizo una gran carrera en México; ya murió. Manejaba los grupos de la ECA y me llamó para Cazadores de Paco Ignacio Taibo; hice tres papeles, me fue muy bien. Ahí me vio Magdalena Briones de Acosta, Directora de la Casa de la Cultura de Torreón, autora de la obra Hipótesis, que protagonicé. Fueron a una función María Rojo y su esposo Marco Antonio Montero, Director de Bellas Artes, y me invitaron a México.
En una ida a comprar muebles los visité y se arregló todo. Querían que entrara directo a la televisión, pero no era lo que buscaba, y con información de varios amigos y el propio Marco Antonio, decidí ingresar al Centro Universitario de Teatro (CUT) a la carrera de Actuación y Dirección. En ese tiempo Héctor Mendoza era el Director.
Al finalizar duré cerca de siete años haciendo teatro universitario y luego comercial, comenzando con El avaro de Moliere, con López Tarso, y después Trampa de muerte, con Manolo Fábregas. Inmediatamente me fue bien, porque empecé a trabajar con gente muy fuerte. Siguió OK, con Carmen Montejo. Alterné con los más grandes, era “el jovencito” de ese momento.
—¿Cómo te recibieron todas estas personalidades?
—Muy bien, porque ya tenía mucho haciendo teatro universitario, había ganado premios como “Revelación del año” y “Mejor actor juvenil”, tenía reconocimientos de la prensa, los críticos especializados y además, sabían que desde el primer año me ofrecieron hacer cine y televisión, y nunca acepté.
—¿En qué forma se dio tu salto del teatro a los demás géneros?
—Me hablaron para El avaro, dirigida por Miguel Sabido, y con López Tarso al frente, Fernando Luján, Juan Peláez y Julieta Egurrola. Héctor Mendoza me dijo “es una oportunidad interesante, no te has querido ir y lo entiendo, pero es un momento oportuno y tienes todas las cualidades para ser estrella y funcionar bien en este negocio”. Ahí comencé y por suerte nunca he pedido trabajo, siempre me llaman. Este negocio requiere talento y sensibilidad, pero también, mucha suerte.
—¿Qué es la suerte?
—Es el momento en que te toca estar. Aquí dicen que “cuando te toca, aunque te quites, y cuando no, aunque te pongas”. Es un factor que determina que tu trabajo no sólo tenga calidad, sino el éxito y proyección que requieres para una continuidad; así fue conmigo, del teatro pasé al cine, donde con Bajo la metralla gané el Ariel, después con Luna de sangre vino la Diosa de Plata, al igual que en teatro, empecé a obtener los galardones más importantes a mi trabajo: hacía los proyectos con éxito comercial, calidad y satisfacción profesional. En televisión también tuve la suerte de que me llamaran para un personaje, y Luke, que haría el protagónico, filmaba una película que al parecer no terminó a tiempo, así que hice el casting para ese papel y me eligieron.
—Entonces, empezaste con un protagónico.
—Sí. Fue mi paso definitivo a la televisión, a las nueve de la noche, en horario estelar. Empecé mi carrera en TV y también fue muy exitosa. He tenido esa suerte, no los busqué y siempre obtuve los protagónicos, alternando con los mejores, como en El maleficio, con Ernesto Alonso, al que le seguía en importancia.
—¿A quién de todos estos grandes consideras que le aprendiste más?
—Aprendí de todos, no sólo en actuación, sino en cómo estructurar un negocio y hacerlo. Por ejemplo, al terminar Trampa de muerte, inicié Zuba, viendo que Manolo Fábregas además de actor era un buen empresario teatral, mi área de mayor interés. Hice mi compañía y me junté con Christian, todavía como amigos, tres años antes de casarnos. También aprendí mucho de Héctor Mendoza, un mentor muy importante, al igual que Rogelio Luévano en Torreón. De igual manera, Luis de Tavira y Julio Castillo, relevantes dentro del teatro, me dejaron grandes enseñanzas. Carmen Montejo me legó bastante en actuación, hicimos una gira muy larga, es una excelente actriz, abierta a lo moderno, eso la hace muy jovial y auténtica. En televisión inicié con Ernesto Alonso, fue mi padrino de boda y lo quiero muchísimo, le aprendí aspectos de la producción en TV. De todos los compañeros se aprende, incluso de los jóvenes. Estando atento —que es parte de nuestro trabajo— siempre hay algo que aprender.
—¿Cómo inició Zuba?
—Terminando mi primera telenovela, Muchacha de barrio, hice una gira con Ana Martin, y al regresar Christian ya estaba en Televisa; yo iba a iniciar un proyecto en teatro, como productor, y ella me pareció perfecta para la obra. La invité y de ahí nació una súper amistad. Ella se dio cuenta que una gira es muy buen negocio (en ese momento lo era) y decidimos montar nuestra propia compañía, así nació Zuba.
—Has sido actor de teatro, cine y televisión, productor y director. Actualmente, ¿qué faceta disfrutas más?
—Hoy me gusta mucho dirigir y actuar en teatro. El director no tiene acceso a lo mismo que el actor cuando se enfrenta y retroalimenta con el público, generando una catarsis, algo que muy pocos pueden vivir, pues la creatividad del director tiene un límite. En cine es el dueño de todo, pero esto se termina al editar su película y exhibirla.
Pero me gusta manejar el universo de las cosas en ese sentido, disfruto mucho la dirección, porque siendo actor, vivo todos los procesos de creación de cada personaje: desde analizar el texto, buscar un tono, un matiz y construir al personaje, hasta la relación con los actores.
—¿Qué significa la disciplina para ti?
—No lo es todo, pero es gran parte. León Felipe decía que para ser virtuoso se necesitan tres elementos: escuela, disciplina y método. La disciplina es fundamental en la formación de un actor. A veces puede faltarte talento o sensibilidad, pero la disciplina te da constancia, y ésta te conduce al entendimiento. En nuestra carrera, si no te cuidas es muy fácil desviarte. Por ejemplo, en cine o TV el actor necesita disciplina para llegar al llamado con sus textos aprendidos. En teatro casi siempre das dos funciones al día, así que al levantarte ya estás pensando en eso, estás en ese training al menos por tres meses. Todos piensan que nuestro mundo es glamoroso, y lo es, cuando no se está trabajando. En la filmación de Travesía en el desierto, en las Dunas de Bilbao comemos polvo, con un clima extremoso y escaso tiempo para ir al camper a descansar o leer un poco nuestros textos. No hay glamour.
—¿Qué haces cuando no estás grabando?
—Tengo mucho por hacer, por ejemplo, estoy trabajando sobre el texto de una película que dirigiré este año; traigo Las arpías; tengo el compromiso con la película que estamos filmando, debo estudiar mis textos a diario, y normalmente son muchos; haré la serie Terra ribelle para la RAI de Italia, que es la segunda que les hago, he tenido mucha suerte también allá; se realizará en Buenos Aires, Calabria y Roma.
—Entonces manejas muy bien el italiano.
—Hablo italiano pero no como para hacer un personaje, además, ellos prefieren que hable español. Acabo de hacer la serie El último bolo, con Massimo Ranieri, un cantante y actor muy importante allá, y la búlgara Michel Benne, cada uno hablando en su idioma. De ahí me han llamado a muchos proyectos que desgraciadamente no he concretado por tiempos, he estado haciendo cine, teatro, una novela, y ya no pude.
—O sea que no paras en todo el año.
—Por fortuna me va bien. Tengo diez años tratando de retirarme, pero me siguen llamando. Estoy preparando una película que quiero dirigir y que Sebastián mi hijo la actúe, también estará Christian; hay planes. En Miami, en mis descansos, escribo, recién terminé la serie Paralelo 28, escrita para Luis Ernesto Franco, que hizo de mi hijo en la novela Secretos del alma; es un recorrido por esa área que pasa por la Zona del Silencio, iniciando en Guerrero Negro, Baja California; se me ocurrió porque hice la película Bajo la sal, y supe que es un paralelo muy magnético e interesante.
—Christian y tú han sido considerados la pareja perfecta en el medio del espectáculo, donde es tan difícil una relación estable, ¿cómo lo han logrado?
—Hay muchos factores y ciclos por los que vas pasando. Pienso un poco como Jalil Gibrán Jalil que “los amantes beben del mismo vino en diferente copa y crecen como las columnas de un templo, firmes, pero separados”. Darle aire y libertad a tu pareja, creer en ella, respetarla y admirarla, complementa muchas cosas, porque las etapas se suceden de diversas maneras, primero eres amigo, luego novio, amante, esposo y padre, nuevamente amigo, socio (en nuestras productoras); todo genera intereses diferentes en momentos distintos. Christian es una excelente madre y eso también contribuye a mi admiración por ella. Siempre me ha parecido una mujer, además de bella, muy inteligente, es una súper amiga con la que puedo compartir muy bien mi vida, al estar juntos la pasamos más bien que mal, porque nada es perfecto, tratamos de viajar mucho, con nuestros hijos, todos los años; compartimos los tiempos libres, porque con nuestro trabajo es difícil. El año pasado viví con Sebastián en México y ella con Emiliano en Miami, ahora será al revés: ella viene a una novela y yo me voy a Miami y a Italia, estaré con Emiliano y ella con Sebastián. Se trata de compartir trozos de tu vida, alimentarlos y retroalimentarlos.
Me llevo muy bien con Christian.
—¿Qué te significa ver a tus hijos siguiendo la misma carrera que tú?
—Ambos han hecho cine conmigo, es inevitable. Hicimos una película juntos: primero me invitaron a mí y luego buscaban a un protagonista y les hablé de Sebastián, además necesitaban al mismo personaje más joven, y al ver la foto de Emiliano les pareció perfecto; hicieron el casting y quedaron. De ahí Sebastián, estando como en cuarto semestre de Economía en la Florida University, decidió irse un año a Los Ángeles a estudiar actuación y lo llamó Televisa, vino México y está terminando su carrera por internet. A Emiliano lo están invitando a una película, si toca en sus vacaciones, la hará. Sebastián es un adulto que toma sus decisiones, pero Emiliano tiene 16 años y a mí no me interesa tener un hijo actor, sino uno que complementa su vida con la cultura, su carrera y la actuación, además, la escuela en Estados Unidos me cuesta más de lo que le pagan en una película.
La mejor herencia para un hijo es su educación. Verlos actuar es como percibir un poco la vida a través de sus ojos.
—¿Tu perspectiva para el futuro en México en la actuación, y la vida social y política?
—Como diría Colosio, veo un México que tiene que cambiar. Todos son una bola de mentirosos, y nuestros políticos viven para ellos. Lo viví tres años, cuando fui Presidente de la Asociación Nacional de Intérpretes (ANDI), legislé y subí unas leyes de propiedad intelectual; habían quitado 28 artículos de la Ley Federal del Derecho de Autor, por los tratados de libre comercio a favor de los americanos con el copyright. Cuando entré a la ANDI vi que era esencial regresarle al intérprete la irrenunciabilidad de su derecho, porque ellos querían despojarnos. Legislé por tres años, cabildeando y consensando con amigos y enemigos, y así pude recuperar cuatro artículos muy importantes para los intérpretes: irrenunciabilidad, jurisprudencia, prolongación posmortem y el paso del derecho de civil a penal, porque simple y sencillamente jugaban con nosotros. Entre otros, agradezco su apoyo a Beatriz Paredes del PRI, Amalia García y Chucho Ortega del PRD, y Fernández de Cevallos del PAN. No busqué partidos, sino gente sensible. Los conocí muy bien, y la mayoría son tramposos, buscan un bien personal. México necesita gente muy consciente en esos puestos, que de verdad ayude al país. Ahí conocí al ahora Presidente Calderón, fue de los que se opuso a nuestras leyes y eso no lo olvidaré jamás; después quiso explicarnos sus razones, pero nunca acepté que se juntara con nosotros.
—Como personas comunes, ¿qué haremos, a dónde vamos?
—Somos ignorantes y pasivos, dejamos que nos lleve la corriente. Nos dicen puras mentiras, la campaña de Calderón hablaba de quitar impuestos y tenencias, que sólo en este país se manejan, fueron un plus para las Olimpiadas del 68 y todos lo sabemos, pero no hacemos nada. Tendríamos que dejar de pagar tenencias, a ver si detienen a todos los coches del país. Pero carecemos de conciencia política, decimos “la política no me importa”, pero tiene que ver con todo. Es el arte de gobernar, no sólo en manos de los políticos, sino de cada mexicano ejerciendo su poder y luchando por un país libre en todos los sentidos. No pueden detener todo lo que hoy ocurre porque están involucrados de una u otra manera. Es un desastre para la economía. Por desgracia veo al país en un momento muy peligroso, por el crack económico mundial.
Para mí la solución sería tomar consciencia y saber quién es quién, para escoger a nuestros gobernantes, y entender que se necesita gente capaz, que pueda mover la economía y abatir la pobreza; la inseguridad también es un detonador muy fuerte para frenar las inversiones. Es un mazacote y todos estamos involucrados.
—¿Esperas un cambio?
—Todos tenemos la esperanza.
Ya no creo en los políticos ni en los partidos, sólo en las personas, porque en la ANDI supe que hay quienes valen la pena y podrían hacer cambios desde el Congreso. Los poderes están divididos, es un peligro de las democracias jóvenes, todo puede malentenderse. Nos queda la esperanza de la consciencia ciudadana, saber votar y no abstenernos. Debemos conocer a nuestros políticos mínimo un año antes, estudiar sus propuestas y plataformas, y cómo las harán realidad, porque a veces es obvio que sus fórmulas son incorrectas. La parte artística, también resulta golpeada, porque hoy con la inseguridad la gente no va al teatro; a eso se suman los nuevos medios: Sky, peer per view, etcétera, que por cantidades muy bajas, dan acceso a diversión familiar en casa. La televisión abierta no corre riesgos, repite programas o hace cosas que no le cuestan, como los reality, donde ni siquiera necesitan actores. Hay muchos factores que detienen la el entretenimiento, diversión y arte en el país, así como la formación de los actores.
—¿Qué sigue para ti?
—Lo inmediato es trabajar en la película que quiero hacer: Me olvidarás, con Christian y Sebastián. Seguramente continuará con Pájaro negro, el tema de los pederastas es muy importante para estarlo trabajando. También quiero descansar un poco, traigo una racha de trabajo muy fuerte, desde que inicié Pájaro negro estuve en la dirección y luego actuando, después me metí a hacer Secretos del alma en televisión, venía de tres películas: Bajo la sal, Euforia y Ángel caído; también hice Las arpías. Tengo el estreno de Euforia y de Travesía en el desierto filmada en las Dunas de Bilbao.
INTERMEDIO
Escenario: Vacío
Teatro: Mi vida
Cine: El séptimo arte
Televisión: La proyección de un actor
Creación: Consciencia pura
Familia: Todo
Entretenimiento: Necesario
Pasatiempo: Mi familia y mis caballos; esquiar en nieve y agua, montar, y sobre todo, compartir
Comida: Hay mucha, en México la cocina yucateca; también me agradan la italiana y la japonesa
Vino: Bebo vino rojo
Actor: Mi hijo
Frase: “Nadie fue ayer, ni va hoy ni va mañana hacia Dios por este mismo camino que yo voy. Para cada hombre guarda un rayo nuevo de luz el sol y un camino virgen Dios”, León Felipe
Política: El arte de gobernar
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Muy interesante en todos los aspectos!! Gracias por esta entrada!!
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Gracias por el comentario !!
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